Mesa de Diálogo - Justicia: "Cuatro voces y una sola conclusión"
El jueves 10 de septiembre, en la sede del Colegio de Ingenieros de Venezuela, abrimos el ciclo de foros sobre la renovación del Poder Judicial con el tema “Gobierno Judicial para la Nueva Venezuela”. Hablaron cuatro voces distintas, la conducción política de la negociación, la abogacía organizada, los trabajadores judiciales y quien escribe, y ocurrió algo que no siempre pasa en estos encuentros: las cuatro llegaron a la misma conclusión por caminos diferentes.
Figuera:
“increpen la mesa”
La presidenta de la Asamblea Nacional 2015,
doctora Dinorah Figuera, abrió el foro con un saludo a los magistrados y
juristas venezolanos que están en el exilio, y planteó que este proceso debe
abrir la puerta de su regreso. Es una inmensa oportunidad, dijo, para los
profesionales del derecho y para unir a la familia venezolana.
Pero lo más significativo de su intervención
no fue un anuncio sino una invitación, y va contra la costumbre de quien
negocia. En lugar de pedir confianza, pidió escrutinio: “Increpen la mesa,
critiquen la mesa o propongan en la mesa”. Explicó que ese acompañamiento
crítico es justamente lo que le permite a la delegación exigir más. Pocas veces
he escuchado a alguien que conduce una negociación pedirle a la sociedad que la
presione. Y anunció reuniones con la sociedad civil, con familiares de presos
políticos y con la comunidad de periodistas y medios bloqueados, en torno a la
libertad de expresión.
El centro de su mensaje fueron los ciudadanos
comunes: quienes tienen que tocar la puerta de un tribunal, de una fiscalía o
de la Defensoría del Pueblo para pedir justicia. Que puedan volver a tener
esperanza, dijo. Y fijó el límite ético del proceso con una frase que debería
quedar como criterio de toda esta etapa: no se trata de cambiar impunidad por
libertad, sino de recuperar la justicia y la democracia, y de recoger “los
vidrios rotos” que nos han causado tanto dolor.
Mis
propuestas: el gobierno judicial
Mi intervención partió de una advertencia que
vengo repitiendo y que asumo como tesis: no podemos confundir la renovación de
las personas con la transformación de las instituciones. Tenemos por delante
una oportunidad y también un riesgo. Por eso hay que hablar del gobierno
judicial, es decir, de lo que ocurra después de la designación, cuando desde la
Sala Plena deban funcionar la Inspectoría General de Tribunales, la Escuela
Nacional de la Magistratura y la Dirección Ejecutiva de la Magistratura.
Sobre esa base propuse a la Mesa de Diálogo
cuatro medidas. La primera: postulaciones abiertas, selección por méritos y
transparencia de credenciales, con audiencias públicas donde los candidatos
finalistas a los treinta y dos cargos principales y sus suplentes, expliquen
ante los medios su concepto de la independencia judicial y su trayectoria, y
asuman un compromiso público de independencia. Recordé allí que los
antecedentes disciplinarios solo los manejan los colegios de abogados, y que
hemos conocido casos de personas que ejercieron durante años sin ser abogados,
e incluso de jueces y secretarios sin título. Ser magistrado no es una
representación política: es una responsabilidad constitucional.
La segunda: un inventario de los pasivos
judiciales y de derechos humanos, decisiones de organismos internacionales
incumplidas durante años, víctimas pendientes de reparación, presos políticos y
casos extraordinariamente prolongados, porque nadie debería recibir una
institución sin saber qué obligaciones vienen dentro de ella.
La tercera: un plan nacional contra el retardo
judicial, empezando por los expedientes más antiguos. El retardo no fue un
accidente administrativo: fue una política, porque convirtió al sistema de
justicia en un mecanismo de chantaje.
Y la cuarta, quizá la más importante: la
reforma debe descender de la cúspide a la base. Cuando se transforme la cúpula
de los treinta y dos, esa transformación tiene que bajar en forma de concursos
públicos, conforme al artículo 255 de la Constitución, a los más de mil
cuatrocientos tribunales del país. El ciudadano no se encuentra con la justicia
en el Tribunal Supremo: se encuentra con ella en el tribunal de municipio y
primera instancia.
Clara
Inés Valecillos: la asamblea que nadie esperaba
La doctora Clara Inés Valecillos, miembro del
directorio de la Federación de Colegios de Abogados de Venezuela, trajo la
noticia institucional. El jueves 3 de septiembre se reunió el Consejo Superior
de la Federación en el Ilustre Colegio de Abogados de Caracas, con la
asistencia de todos los presidentes de colegios del país, algo que. como ella
misma subrayó, hacía tiempo no se lograba. Recordó que la Federación es el
máximo organismo gremial, integrada conforme al artículo 43 de la Ley de
Abogados por los colegios y sus delegaciones, y que el Consejo Superior reúne
además al presidente del Inpreabogado, al directorio y al presidente del
Tribunal Disciplinario.
Lo acordado allí es el hecho más relevante de
estas semanas: la abogacía organizada de Venezuela participará en el proceso de
reinstitucionalización del Poder Judicial postulando abogados al Comité de
Postulaciones Judiciales, comisión de verificación de credenciales, así como al
Tribunal Supremo de Justicia. No es una declaración de apoyo: es una decisión
de participar. Por su parte, en sintonía con la Federación de Empleados
tribunalicios, profesores y estudiantes de derecho del país, miembros de la
academia, establecer la sinergia necesaria para contar con magistrados
independientes y un gobierno judicial conforme las urgentes necesidades del
país.
Valecillos explicó algunos puntos para
desmontar al Poder Judicial: la reforma de la ley del Tribunal Supremo elevó el
número de magistrados de veinte a treinta y dos y permitió removerlos por
mayoría simple, la suspensión de los concursos y la conversión de los jueces en
provisorios de libre nombramiento y remoción. Pero su testimonio personal, como
jubilada del Poder Judicial, fue lo que dejó la sala en silencio: en la
jurisdicción penal, los presidentes de circuito piden los expedientes e indican
a los jueces cómo sentenciar. “He presenciado cómo los jueces dicen: obedecemos
instrucciones. No les da pena decirlo”.
Negrín:
la casa completa
El cuarto aporte llegó desde el destierro. El
abogado Emilio Negrín, presidente de la Federación Nacional de Trabajadores
Judiciales, encarcelado injustamente y hoy fuera del país, hizo llegar el
manifiesto de su organización con un planteamiento que complementa exactamente
el nuestro: el Poder Judicial debe renovarse en su conjunto. No solo
magistrados y jueces, sino también los directores de la Dirección Ejecutiva de
la Magistratura, los directores regionales y de línea y las demás figuras de
poder dentro de la institución.
El manifiesto contiene además una advertencia
honesta y poco común, porque reconoce una vulnerabilidad propia: un trabajador
infravalorado, menospreciado y al que no se le respetan sus derechos, es un
trabajador propenso a alinearse con las prácticas destructivas. De allí su
exigencia de que los trabajadores activos, la Federación y la asociación de
jubilados sean escuchados como pieza fundamental de este proceso, y de que la
institución no vuelva a ser utilizada jamás como instrumento de persecución.
Cuatro voces, entonces, y una sola conclusión:
cambiar los nombres no basta. Hay que cambiar la casa, conocer sus pasivos,
abrir sus puertas y hacer que quienes trabajen en ella no tengan que obedecer
instrucciones. Eso es el gobierno judicial, y de eso seguiremos hablando en los
próximos foros.

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