La abogacía se puso de acuerdo: de la renovación del Tribunal a la reconstrucción del sistema
La renovación del Tribunal Supremo de Justicia
ofrece una oportunidad, pero encierra también un riesgo: confundir la
renovación de personas con la transformación de las instituciones. La historia
demuestra que sustituir funcionarios no transforma necesariamente el sistema.
Por eso la discusión nacional debe avanzar desde la pregunta de quiénes serán
los nuevos magistrados hacia otras tres: qué sistema recibirán, cómo funcionará
ese sistema y cómo sabremos, dentro de un año o mediano plazo, que verdaderamente
cambió.
Tres
niveles de reforma
Las propuestas que la abogacía viene
formulando pueden ordenarse alrededor de esas preguntas. El primer nivel
responde a quién recibe la justicia: postulaciones abiertas, selección por
mérito, transparencia de credenciales y una novedad importante: audiencias
públicas, transmitidas y documentadas, en las que los candidatos finalistas
expliquen su concepción de la independencia judicial, su trayectoria y sus
eventuales conflictos de interés. No para interrogarlos políticamente ni para
exigirles compromisos sobre casos futuros, sino precisamente para lo contrario:
comprobar que entienden que un magistrado no representa al sector que lo
postuló ni al gobierno de turno. Una magistratura no es una representación
política; es una responsabilidad constitucional.
El segundo nivel responde a qué justicia
recibe: el inventario de pasivos judiciales y de derechos humanos, las
decisiones internacionales incumplidas, las víctimas pendientes de reparación,
en especial los presos políticos y los casos extraordinariamente prolongados.
El tercer nivel, el que quiero destacar
hoy, responde a cómo evitamos repetir lo
pasado. Porque cambiar personas sin
conocer los pasivos puede significar heredar los problemas; y conocer los pasivos
sin cambiar las instituciones puede significar repetirlos.
Lo que
hace falta para que no vuelva a ocurrir
Algunas medidas deben establecerse a lo
interno del TSJ, pero también a lo que viene: la transformación del Poder
Judicial insertando a jueces por concurso, pues más del 90 % actualmente son
accidentales, provisorios. Seis medidas concretas resumen ese tercer nivel. La
trazabilidad pública de los expedientes, para que cualquier parte pueda conocer
electrónicamente la historia de su causa: fecha de ingreso, tribunal, juez
asignado, actuaciones, decisiones y tiempo transcurrido. El principio es
simple: ningún expediente debería poder desaparecer dentro del sistema, y cada
retraso extraordinario debería ser identificable.
La distribución objetiva y auditable de los
casos, con reglas previamente conocidas y excepciones documentadas. El
ciudadano debe poder confiar no solo en que el juez será independiente, sino en
que ese juez no fue escogido especialmente para su caso. La publicación
sistemática de las sentencias en una base pública y consultable, porque una
justicia que aspira a recuperar la confianza debe ser una justicia que pueda
ser observada.
Un Plan Nacional contra el Retardo Judicial
que empiece por los asuntos sin decisión durante períodos excepcionalmente
prolongados, no para decidir apresuradamente sino para impedir que el paso
indefinido del tiempo siga funcionando como una forma de denegación de
justicia. Un mecanismo protegido para que un juez que reciba instrucciones
indebidas políticas, económicas o jerárquicas,
tenga dónde denunciarlas, con garantías tanto para quien denuncia como
para el denunciado. Y un régimen disciplinario que distinga con claridad dos
cosas que hoy se confunden: ningún juez puede ser sancionado por decidir de
manera independiente, pero todo juez debe responder por corrupción, abuso o
incumplimiento deliberado de sus deberes.
A ello se añade lo que considero decisivo: la
reforma debe descender de la cúspide a la base. El ciudadano no se encuentra
con el Tribunal Supremo cuando busca justicia; se encuentra primero en los
tribunales territoriales, que se encuentran en los municipios, luego vienen los
tribunales de instancia (estadales). Sin
concursos, criterios objetivos de ingreso y ascenso y garantías razonables de
estabilidad, tendremos una reforma aparente y no una nueva justicia. Y sin
autonomía administrativa y presupuestaria, un poder judicial formalmente
independiente sigue siendo vulnerable por la vía del presupuesto, las
remuneraciones y los ascensos.
Cómo
sabremos si funcionó
Una reforma debe poder demostrar que funciona.
Por eso se propone mantener una política de revisión de casos aleatorios,
escogidos con criterios objetivos y no políticos, que permitan comprobar si una
persona obtiene ya una decisión en plazo razonable, si las decisiones se
ejecutan, si se cumplen las obligaciones internacionales pendientes y si un
ciudadano puede enfrentarse al Estado ante un tribunal verdaderamente
independiente. La revisión de los casos aleatorios, convierten palabras
abstractas como independencia o tutela judicial efectiva en resultados
observables.
Se propone además un registro público de
implementación, qué se prometió, quién es responsable, cuándo debía ejecutarse
y qué se hizo, una unidad técnica temporal encargada de coordinar y documentar
la ejecución, y evaluaciones independientes a los seis y a los doce meses.
Porque la reforma judicial no debería terminar con la juramentación de un nuevo
Tribunal Supremo: ese debería ser el momento en que realmente comienza.
Una
asamblea histórica en la Urbanización El Paraíso de Caracas.
Nada de esto avanza sin una fuerza organizada
que lo empuje, y esta semana resurgió.
La Federación de Colegios de Abogados de Venezuela convocó el jueves 3
de septiembre a una asamblea con todas las instituciones que integran la
abogacía organizada, en la histórica sala de reuniones del Ilustre Colegio de
Abogados de Caracas, en la avenida Páez de El Paraíso, con la asistencia
presencial de cerca del noventa por ciento de los representantes de los
estados. Me correspondió participar y sirva este artículo público como informe
a rendir al país, a los integrantes de la Asamblea Nacional 2015 que preside la
Dra Dinorah Figuera, a la Mesa de Diálogo Nacional y los aliados.
El primer punto fue el más doloroso: se acordó
mantener y ampliar los apoyos por la tragedia del doble terremoto del 24 de
junio. Según informó el presidente del Colegio de Abogados de Vargas, los
colegas fallecidos y desaparecidos superan el centenar. Cien abogados. De allí
el compromiso de acompañar a sus familiares con el máximo esfuerzo del gremio.
El segundo punto debatido, fue el proceso de designación de los treinta
y dos magistrados y sus suplentes. A pesar de la diversidad de criterios, que los
hubo, se produjo una decisión unitaria: la Federación y los Colegios de todos
los estados actuarán en unidad para asumir el rol constitucional y legal que
les corresponde, en representación de casi cuatrocientos mil abogados. Las
decisiones de la Mesa de Diálogo no solo fueron respaldadas: el gremio
postulará candidatos al Comité de Postulaciones Judiciales y a la Comisión de
Revisión de Credenciales, y los Colegios de cada estado actuarán como
facilitadores para que los aspirantes idóneos reciban apoyo. Se acordó también
trabajar juntos con los sindicatos
tribunalicios, los estudiantes y
profesores de las facultades de derecho y
la academia.
Por su parte, el Programa de Organización
Ciudadana y CONFEPUV, seguirá apoyando en la organización de asambleas ciudadanas, y el Frente Amplio
Profesional Internacional, FAPI, apoyará
a los abogados venezolanos en el exteri
las condiciones constitucionales y legales. Recuerde el lector su propio
papel de contraloría: publicado el listado de preseleccionados, se abre un
lapso de quince días para que cualquier ciudadano puerta presentar
observaciones y denuncias con el debido sustento probatorio.
Fue una asamblea ejemplar. Después de años de
fragmentación, la abogacía venezolana se puso de acuerdo en lo esencial. Ahora
falta lo más difícil: que la renovación del Tribunal se convierta en
reconstrucción del sistema.
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Buena iniciativa del Gremio de Justicia agrupar a los colegios de Abogados empezando por Caracas para lograr encausar las instituciones tanto el TRIBUNAL SUPREMOS DE JUSTICIA como la FISCALIA GENERAL DE LA REPÚBLICA. Es un buen paso, para que los demás estados se sumen y logren que los nuevos Magistrados sean evaluados e incluidos al nuevo sistema de acreditación como lo es el sistema de concurso donde demostrarán su capacidad y compromiso. Hay muchos profesionales del Derecho que estarán listos y dispuestos para la construcción del país y del PODER JUDICIAL.
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